Información sobre el origen de la fiesta del DÍA DE LA CRUZ
Esta festividad tiene el propósito de venerar la cruz como máximo símbolo del cristianismo católico.
Pero...¿Cuál es el origen del Día de la Cruz?
Los libros litúrgicos contienen dos fiestas dedicadas al culto de la Cruz: La Invención de la Santa Cruz, el 3 de mayo, y la Exaltación, el 14 de septiembre.
La Invención, del latín invenio "descubrir", de la Santa Cruz, se conmemora desde antiguo.
En España aparece en calendarios y fuentes litúrgicas mozárabes, relacionándola con el relato del hallazgo por santa Elena de la auténtica Cruz de Cristo.
Este relato, que sin duda tiene mucho de leyenda puede resumirse así: En el sexto año de su reinado, el emperador Constantino (306-337d.C.) se enfrenta contra los bárbaros a orillas del Danubio. Parecía imposible vencer al enemigo. Pero una noche Constantino tiene una visión: en el cielo se le apareció la Cruz de Cristo y encima de ella unas palabras, In hoc signo vincis («Con esta señal vencerás»). El emperador hizo construir una Cruz y la puso al frente de su ejército, que entonces venció sin dificultad.
De vuelta a la ciudad, Constantino se hizo bautizar.
Más tarde, envió a su madre, santa Elena, a Jerusalén en busca de la verdadera Cruz de Cristo. Allí santa Elena, en el año 326, visitó el monte donde la tradición situaba la muerte de Cristo y encontraron tres cruces ocultas. Para descubrir cuál de ellas era la verdadera las colocaron una a una sobre un joven muerto, el cual resucitó al serle impuesta la tercera, la de Cristo.
Santa Elena murió rogando a todos los que creen en Cristo que celebraran la conmemoración del día en que fue encontrada la Cruz, el 3 de mayo.
Sabemos que en el año 599 se celebró en la Catedral de la Santa Cruz el II Concilio de Barcelona, lo que implica una veneración ya existente a esta advocación.
En otras fuentes como en la Lex Romana Visigothorum, promulgada por Recesvinto en el año 654, y renovada por Ervigio en el 681, se menciona esta festividad como una de las mayores del año eclesiástico; y en el Leccionario de Silos, compuesto hacia el año 650, aparece con el nombre de dies Sanctae Crucis, siendo éste el más antiguo testimonio de su conmemoración en España.
Desde la primera mitad del siglo VII se tiene conocimiento de la existencia en España de reliquias de la Cruz, concretamente en las iglesias de Mérida y Guadix.
En cambio, de la celebración popular de la fiesta de la Santa Cruz, la que más nos interesa, hay pocos datos antiguos. Los primeros testimonios que conocemos se remontan al siglo XVII, aunque este vacío documental no implica necesariamente que la fiesta no existiera desde antes. En cualquier caso, parece que la celebración popular de la Cruz de Mayo tal como hoy la conocemos alcanzó su máximo esplendor durante los siglos XVIII y XIX, para empezar a decaer a principios del XX.
Esta fiesta, en su vertiente popular, está muy extendida por toda España y Latinoámerica, aunque con variaciones muy significativas de unos lugares a otros.
A pesar de ello, la celebración presenta en todas sus manifestaciones una serie constante de elementos comunes. El centro de la fiesta es una cruz, de tamaño natural o reducido, que se adorna, en la calle o en el interior de una casa, con flores, plantas, objetos diversos (pañuelos, colchas, cuadros, candelabros, etc.) y adornos elaborados. A su alrededor se practican bailes típicos, se realizan juegos y se entonan coplas alusivas.
A veces hay procesiones, de carácter religioso o pagano.
A la hora de establecer los orígenes de esta celebración popular de la Cruz no hay que olvidarse de las fiestas paganas ( Árbol de Mayo o Palo de Mayo) que se celebraban desde muy antiguo en el mes de mayo. Quizás lo justo sería hablar de que la fiesta de la Cruz, cuando comenzó a desarrollarse popularmente, tomó elementos de otras fiestas no religiosas, en un intento de asimilarlas bien para eliminarlas o como consecuencia inevitable de su coexistencia, dada la similitud de sus motivaciones. La prohibición de las fiestas paganas por parte de las autoridades civiles y eclesiásticas facilitó esa incorporación de elementos de unas a otra, aleccionada por el pueblo, siempre amante de sus tradiciones y nunca dispuesto a perderlas. El fondo, lo popular, habría quedado intacto y sólo habría cambiado su apariencia externa.
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En Hellín hay muchos cronistas que atribuyen el origen de la festividad de la Cruz con un milagro achacado a la religiosa Sor María de la Cruz Baeza, natural de Belmonte, Cuenca, que nació el 5 de abril de 1684. Cuando los hellineros supieron que una plaga de langostas estaba arrasando los cultivos que encontraba a su paso, y ya que esto era su sustento básico para sobrevivir, al tiempo que sabían que se encontraba ya cerca de nuestra ciudad, pidieron la ayuda a esta monja, que se encontraba en el convento de las monjas claras. Eran muy conocidas sus extraordinarias facultades místicas, así que le pidieron protección, y les ayudó dejándoles un crucifijo para que pudiera parar el avance de tan temida plaga. Una gran multitud de personas se encaminó hacia el Calvario, por el Camino de las Columnas, y la cruz se puso en el lugar en el que la monja había indicado. Milagrosamente, la plaga detuvo su avance, cambió de dirección y pasó lejos de Hellín, que se libró de esta calamidad que les hubiera dejado sin sustento, condenando a la población a pasar hambre. Este milagro tuvo lugar a mediados del siglo XVIII y se anunció con repiques de campanas, volteándolas en señal de inmensa alegría y triunfo. Y como recuerdo de tal acontecimiento se edificó, en acción de gracias, la ermita de la Cruz de la Langosta, de la que ahora tan sólo se pueden ver las ruinas. |



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